Ombú

enero 1, 2001

Orden: Caryophyllales
Familia: Phytolaccaceae
Nombre científico: Phytolacca dioica L., 1762

Descripción.
Pese a su tronco grueso y su gran porte (alcanza una altura de 10 a 15 m, con una amplia copa y grandes raíces visibles) es discutido si es un árbol, un arbusto o una hierba. Corteza pardo negruzca con surcos longitudinales.

Hojas.
Son de forma elíptica y buen tamaño, de 10 a 12 cm, hasta 20 cm de largo por 6 a 7 cm de ancho, de color verde oscuro brillante, más claro en el revés. Aparecen alternas, al cabo de un pecíolo de escasa longitud. En cálidos las hojas se mantienen todo el año, en los templados, hasta que se producen los primeros fríos intensos.

Flores.
Son dioicas (flores unisexuales con sexos separados en distintos ejemplares), pequeñas con cáliz de cinco sépalos, pétalos ausentes, 20 a 30 estambres 8 a 14 carpelos y aparecen en racimos péndulos terminales de color blanquecino.

Fruto.
Baya carnosa que sugieren la forma de un pequeño tomate, de 10 a 15 mm de diámetro por 5 a 7 mm de altura. Se mantiene verdosa durante mucho tiempo, tornándose amarilla a la madurez total. Se desprenden en racimos tapizando el suelo como una alfombra carnosa. Se da una sola semilla negruzca y pequeña en cada lóculo, de unos 3 mm de largo y color negro brillante.

Hábitat.
Se extiende naturalmente por las costas de los ríos hasta los bosques del Plata y hasta el sur de la provincia de Buenos Aires. Generalmente se desarrollan como especímenes aislados, aunque algunas veces se han encontrado agrupaciones importantes de esta especie.

Distribución.
Es una planta arborescente nativa de la pampa argentina y uruguaya.

Usos.
De madera esponjosa y blanda; contiene grandes cantidades de agua, lo que le permite sobrevivir en el entorno de escasas lluvias de la pampa seca. Crece rápidamente, y es inmune a buena parte de los insectos que predan las hojas de la flora pampeana gracias a su savia tóxica. Su nombre es una voz guaraní que significa sombra o bulto oscuro. Es fácil encontrar referencias al ombú dentro del folclore rioplatense y en la tradición gauchesca; su amplia copa servía de sombra a los viajeros durante las horas de sol más intenso, ganándole el mote de amigo del gaucho y su respeto. Hoy día es difícil encontrar ejemplares en forma silvestre.